1325: Participación de las mujeres a 15 años de la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad

Por Belén Sanz Luque, Representante de ONU Mujeres en Colombia

Fecha: sábado, 12 de diciembre de 2015

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“(…) la participación efectiva y genuina de las mujeres produce una paz más duradera, ya que aumenta los beneficios que conllevan los dividendos de la paz para las partes interesadas no combatientes y fortalece la resiliencia en las comunidades locales”.

Secretario General de las Naciones Unidas. Informe sobre las mujeres y la paz y la seguridad (16 septiembre de 2015)


Este mes se conmemoran 15 años de la adopción de la Resolución 1325 por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la cual reconoce, por primera vez en el año 2000, el imprescindible papel de las mujeres en la construcción de la paz y la seguridad del mundo.

Este documento supuso un hito histórico en el reconocimiento del rol esencial de las mujeres para el logro de una paz estable y duradera. La Resolución 1325 fue la primera de las ocho resoluciones que componen hasta la fecha la Agenda de Mujer, Paz y Seguridad de las Naciones Unidas, la última de las cuales, la Resolución 2242, fue recientemente adoptada el pasado 13 de octubre de este año. Esta agenda insta a los Estados Miembro incrementar la participación de las mujeres en la toma de decisiones en las conversaciones de paz, la protección de mujeres y niñas en los conflictos, la prevención y la resolución de conflictos, la recuperación posterior al conflicto así como la prevención y la erradicación de la violencia sexual durante el conflicto. Además, de modo importante esta agenda viene reforzada por mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas como el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujeres (CEDAW), la cual emite en el año 2013 la Recomendación número 30 que establece la obligatoriedad de los Estados partes a proteger los derechos humanos de las mujeres en todo momento y a promover la igualdad sustantiva entre los géneros antes, durante y después de un conflicto y a garantizar que las experiencias de las mujeres se integren plenamente en los procesos de consolidación de loa paz y de reconstrucción.

Con motivo de los 15 años transcurridos desde la adopción de la resolución 1325,  recientemente se ha presentado por el Secretario General de las Naciones Unidas el Estudio Global coordinado por ONU Mujeres, “Previniendo el conflicto, transformando la justicia, garantizando la paz: Un estudio global sobre la Implementación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”. Liderado por una experta independiente, Radhika Coomaraswamy y el apoyo de un grupo asesor independiente, el estudio se elaboró a partir de los reportes enviados por más de 60 estados miembros de las Naciones Unidas, organizaciones de la sociedad civil y Grupos de Expertos, que muestra con evidencias cuantitativas y cualitativas los avances, obstáculos y retos de la implementación de la Resolución a nivel Global. De este modo, hace el llamado de ubicar en el primer orden de la agenda de las naciones el aceleramiento en su aplicación en ámbitos tan relevantes como la participación e inclusión de las mujeres en procesos de paz, la protección de las mujeres y las niñas en contextos humanitarios, la ruta hacia una justicia trasformadora, la necesidad de un enfoque de género en la seguridad, el rol de las mujeres en el postconflicto y, de un modo prominente, la prevención de los conflictos como una agenda prioritaria desde las voces de las mujeres considerando que no se trata de “incorporar una perspectiva de género en los conflictos” si no de prevenir su ocurrencia en primer término desde una perspectiva inclusiva para su sostenibilidad.  

El Estudio presenta el más completo cuerpo de investigación empírica a la fecha demostrando que el empoderamiento de las mujeres contribuye al éxito de las conversaciones de paz y al logro de una paz sostenible, acelera la recuperación económica, fortalece las operaciones de paz, mejora la asistencia humanitaria y contribuye a contrarrestar el extremismo violento.

Así, el estudio  demuestra que los casos en que las mujeres han tenido mayor influencia en procesos de negociación de paz, hay mayores posibilidades de que se llegue a un acuerdo. Igualmente, muestra que al garantizar la participación de las mujeres en las etapas de negociación y de postconflicto, la probabilidad de que los acuerdos duren al menos dos años se incrementa en un 20%, y que su participación aumenta la probabilidad de sostenibilidad de los acuerdos una vez firmados por quince  en un 35%. Más aun, la investigación demuestra que existe una clara correlación entre modelos más abiertos de negociación y una mayor probabilidad de que los acuerdos sean implementados, de tal modo que los acuerdos que han incluido la participación de la sociedad civil tienen un 64% más posibilidades de tener éxito.

A pesar de esta contundente evidencia, el estudio revela que, de 664 acuerdos firmados entre 1990 y 2000, 73 (el 11%) incluían al menos una referencia a las mujeres, y que este porcentaje aumentó a un  27% (138 acuerdos) a partir de la aprobación de la resolución 1325 hasta el 1 de enero de 2015, y que no obstante, esta misma cifra demuestra el hecho de que cerca de tres cuartas partes de los acuerdos de paz de los últimos 15 años siguen “siendo ciegos al género”.

No obstante, ha habido avances, si bien aún lentos y desiguales. El estudio señala que se ha dado un incremento sustantivo desde la adopción de la resolución en la inclusión de un lenguaje de género en los acuerdos de paz y en el número de mujeres, grupos de mujeres y experticia en materia de género que han participado como mediadoras, negociadoras o firmantes en procesos de paz, y documenta las múltiples y creativas formas en que las mujeres han creado espacios de participación e influido en la construcción de la paz, incluyendo en Colombia.

Efectivamente, mujeres colombianas han hecho realidad muchos elementos de la resolución 1325 por medio de iniciativas de resistencia, de reconciliación, de protección y de construcción de paz, y lo siguen haciendo de modo activo en el proceso de paz que actualmente vive el país.

Marcando un importante avance hacia el cumplimiento de la Resolución, es de resaltar como gracias a la movilización del movimiento de mujeres en el país, la voluntad de las partes de la Mesa de Conversaciones y el apoyo que para ello han contado de la comunidad internacional, incluido el del Sistema de Naciones Unidas en Colombia, la participación de las mujeres en el proceso de paz ha aumentado significativamente, constituyendo un tercio de las delegaciones del Gobierno y de las FARC-EP.

Por estos y otros avances en este estudio global se hace una mención especial al proceso de paz en Colombia y al rol de las mujeres en la construcción de paz, su voluntad inquebrantable por encontrar vías políticas a la resolución del conflicto y sus aportes preparando el terreno para las Conversaciones de Paz, destacando especialmente su liderazgo en la realización de una Cumbre Nacional de Mujeres y Paz en 2013 de la que se desprende una agenda sustantiva desde la diversidad de voces de las mujeres en torno a cada punto de la agenda de conversaciones de paz y en torno al postconflicto. También destaca su activa participación en los diferentes espacios de consulta ciudadana previstos para aportar a la Mesa de Conversaciones y su participación mayoritaria en las diferentes delegaciones que han interlocutado con la Mesa ya sea en calidad de víctimas (representando el 62%), en calidad de expertas de género o en calidad de expertas en  violencias contra las mujeres y violencia sexual en el marco del conflicto armado.

El estudio global subraya igualmente el establecimiento de una Sub-Comisión de Género encargada de garantizar la incorporación de la perspectiva de género en los acuerdos. Respecto de este punto vale la pena destacar que Colombia hizo historia con la creación de este mecanismo dado su carácter pionero que supone una ventana de oportunidad y un gran desafío para resignificar el papel de actoría política desde la ciudadanía de las mujeres, para  reconocer el valor de sus contribuciones en la reconstrucción del tejido social en el post-acuerdo y dignificar en consecuencia, el carácter propositivo de su narrativa en relación con  las profundas transformaciones nacionales y territoriales que requiere la sociedad colombiana para el logro de una paz estable y duradera.

En este sentido, a 15 años de la Resolución, más allá de su participación, es fundamental analizar la manera en que las mujeres han influido con su presencia en la construcción de la paz. La evidencia compilada en el estudio global demuestra que el efecto más significativo de la inclusión de las mujeres en los procesos de paz no sólo ha resultado en una mayor inclusión de los temas de género en los acuerdos que se alcanzan, sino que supone un giro en las dinámicas de las negociaciones, una ampliación de los temas que se debaten, y una mayor presión en las partes para el alcance de acuerdos. Es precisamente esa cualificación de la construcción de la paz donde Colombia puede hacer una diferencia.

El  histórico momento que vive Colombia, con el avance de las Conversaciones de Paz, es una oportunidad sin precedentes para  convertir el mandato que recoge la Resolución 1325 en una acción decidida y comprometida de transformación de las relaciones de desigualdad en las que se sustenta la discriminación de género como una de tantas bases para la emergencia y resolución violenta de los conflictos.

La participación e inclusión de las mujeres en las conversaciones de paz y en su futura implementación , como evidencia el estudio, es una condición de legitimidad, contribuye a asegurar una paz estable, duradera y sostenible, y es una oportunidad de avanzar en la democracia y el desarrollo incluyente. De allí el llamado a convertir en acciones concretas las recomendaciones emanadas de la Resolución 1325 que hace la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, la Sra. Phumzile Mlambo-Ngucka, con motivo de la conmemoración de su aniversario: “Después de todo, los aniversarios deben de servir para algo más que para contar el paso de los años. Deben ser el momento en que convertimos las palabras en acciones”.