Día Mundial Humanitario

“Al dar más oportunidades a las mujeres… nos aseguramos de que puedan desempeñar un papel central en la reconstrucción de nuestros países” — Directora Ejecutiva

Declaración de Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, por el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

Fecha: martes, 16 de agosto de 2016

En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, honramos a las mujeres, las niñas, los hombres y los niños que han demostrado resiliencia frente a dificultades inimaginables y a una violencia constante, y rendimos tributo al personal de atención en primera línea y a los demás trabajadores y trabajadoras humanitarios que siguen trabajando por la recuperación, incluso después de recobrada la paz.

Según el informe del Secretario General de las Naciones Unidas a la Cumbre Humanitaria Mundial, los conflictos concentran el 80 por ciento del total de las necesidades humanitarias. Tuve la oportunidad de ser testigo directa del impacto del conflicto y la recuperación durante mi visita a Afganistán de este año.

En Kabul, entregué certificados a 48 graduadas del Programa de Prácticas de Seis Meses para Graduadas Afganas Recientes, que, con el apoyo de ONU Mujeres, ofrece a las mujeres y las niñas oportunidades de empoderamiento económico con el fin de aportar estabilidad a las familias y así forjar una paz sostenible. Pese a haber crecido en años de conflictos violentos y represión dirigidos primordialmente a las mujeres y las niñas, estas jóvenes inspiradoras hablaron de su esperanza de un futuro en que la paz se vea acompañada del fin de las normas sociales discriminatorias, donde puedan llevar una vida verdaderamente empoderada. Como parte de una nueva generación de jóvenes mujeres afganas que están cambiando el status quo, ellas encarnan el concepto de resiliencia.

Las mujeres y las niñas de Afganistán siguen viéndose afectadas por los conflictos prolongados y los desastres naturales recurrentes, como también por la pobreza, la discriminación y la explotación. Por ejemplo, las restricciones a la circulación y la falta de acceso a las escuelas, sea porque han sido cerradas u ocupadas por combatientes, presentan obstáculos monumentales para las mujeres y las niñas. Aunque la matriculación escolar en Afganistán está mejorando, las niñas representan sólo el 36 por ciento del alumnado de las escuelas primarias y secundarias, y las mujeres apenas el 20 por ciento del alumnado universitario. Para muchas mujeres, las restricciones culturales al trabajo fuera del hogar, a las que se suman los problemas de seguridad, convierten en un desafío extraordinario la misión de ganarse la vida y controlar su propio dinero.

Una parte esencial de la acción humanitaria consiste en restaurar la vida cotidiana después de un conflicto. Esto implica reconstruir la infraestructura; garantizar el acceso al agua limpia y el saneamiento; combatir la violencia que a menudo vuelve a brotar; y dotar a las mujeres de habilidades vitales en materia de economía que a largo plazo las empoderen. ONU Mujeres está utilizando algunos proyectos piloto, como el programa de prácticas en Afganistán, para introducir modelos que incorporan tanto el progreso económico como los medios para empoderar económicamente a las mujeres.

Las situaciones humanitarias también pueden presentar oportunidades para mejorar la posición de las mujeres. Pese a las dificultades extremas que las mujeres afganas enfrentan en los ámbitos económico y social, el parlamento afgano cuenta actualmente con un 28 por ciento de mujeres —cifra superior al promedio mundial del 22 por ciento— debido a las cuotas introducidas luego de la caída del talibán. 

Simultáneamente con la recuperación tras las crisis humanitarias, debemos lograr que las experiencias que las mujeres atraviesan sobre el terreno se correspondan con avances en el acceso de la mujer al liderazgo en la esfera política, como también en la retórica internacional. Al dar a la mujeres más oportunidades, por ejemplo mediante nuestro programa de prácticas, podemos garantizar que las mujeres cumplan un papel central junto a los trabajadores y las trabajadoras humanitarios internacionales, y contribuyan a reconstruir nuestros países.