Tatiana Benítez: artivismo, memoria y liderazgo afro en Nariño
El cantar para hacer memoria. Esa es la apuesta que tiene Tatiana Benítez, integrante de la Fundación Canapavi, organización socia de ProDefensoras; una iniciativa de ONU Mujeres y la Embajada de Noruega en Colombia y en alianza con el Ministerio Público del país para la salvaguarda de los liderazgos de la defensoras de derechos humanos en este país. En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendeniente resaltamos su labor a través del arte para construir memoria alrededor de las luchas de las mujeres constructoras de paz.
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En el corazón palpitante del Pacífico nariñense, Tumaco, Nariño, al sur de Colombia, donde la selva se encuentra con el mar y la violencia ha dejado cicatrices profundas, una mujer afro alza su voz para sanar, resistir y transformar. Tatiana Benítez, integrante de la Fundación Canapavi, organización socia de ProDefensoras, es mucho más que una cantadora: es artivista, lideresa social y constructora de paz. Su voz, trenzada entre el dolor y la esperanza, ha acompañado a centenares de jóvenes y mujeres en territorios históricamente marginados.
Este 25 de julio, Día de la Mujer Afrodescendiente, su trabajo se vuelve aún más relevante. Porque Tatiana no solo canta: ella narra desde el arte las memorias silenciadas de su pueblo y transforma el dolor en fuerza colectiva.
De la pérdida personal al liderazgo colectivo
Tatiana conoce el dolor de cerca. En 2007, cuando tenía apenas 18 años y estaba embarazada, su compañero fue asesinado. “Lo mataron y ni siquiera importó por qué. Lo estigmatizaron sin saber. Yo salí de mi pueblo con mi hija recién nacida y con una cesárea reciente, cargando no solo la tristeza, sino también el miedo y la depresión”, recuerda. Pero de esa experiencia devastadora surgió su voz.
En medio del duelo, Tatiana escribió su primera canción. Con el tiempo, su palabra encontró escenario, primero en concursos de canto, después en agrupaciones tradicionales en el pacífico nariñense como Changó. Más tarde, su activismo se entrelazó con procesos de exigencia de derechos humanos, memoria y formación juvenil. Así fue como nació también su participación en Canapavi, una organización feminista que ha hecho del artivismo su lenguaje de resistencia.
La voz que acompaña: artivismo para sanar y exigir
Tatiana es una de las lideresas de la Fundación Canapavi que implementa ProDefensoras en el pacífico nariñense, al extremo sur de Colombia. En este proceso, cuatro municipios del litoral nariñense —Tumaco, Francisco Pizarro, El Charco y Olaya Herrera— se conectaron a través del arte, el diálogo intergeneracional y la formación en derechos humanos.
L a Fundación Canapavi en el marco de ProDefensoras, encontró durante un año a más de 160 jóvenes de instituciones educativas de los cuatro municipios nariñenses en actividades lúdicas y pedagógicas centradas en el cuidado, la gobernanza escolar y la promocion de los derechos humanos y de las mujeres. Al final, el arte se convirtió en herramienta de transformación: cada escuela creó un mural colectivo, una memoria visual de su paso por el
proyecto. “Tatiana fue el corazón metodológico del proceso”, explica Paola Andrea Navia, directora de la Fundación Canapavi, una de sus compañeras. “Diseñamos una estrategia educativa en la que el canto, la poesía y las historias del territorio sirvieron para enseñar, sanar y movilizar”.
Cantar también es denunciar
Para Tatiana, el arte ha sido una forma de cuidado, pero también de denuncia. “No es lo mismo pararse a decir: ‘hubo una masacre’, que cantarlo desde la entraña, desde la memoria. A veces eso también nos protege”, asegura. Las canciones que ha compuesto hablan de duelos, pero también de resistencias, de mujeres que caminan juntas, de jóvenes que renacen, de territorios que sueñan con justicia.
“Yo soy una artista, pero también soy una sobreviviente. Y mi voz no canta por cantar, canta para que nadie más se calle. Para que los chicos y chicas que hoy tienen miedo puedan saber que es posible alzar la voz y no morir en el intento”.
Un legado para las generaciones que vienen
Tatiana no está sola. En Canapavi, muchas otras lideresas han hecho del arte una forma de vida y resistencia. Pero su historia representa a muchas otras: mujeres afrodescendientes que, a pesar del dolor vivido por el conflicto interno colombiano, han encontrado en el canto, la danza y la palabra un camino para reconstruirse.
Al final del proceso desarrollado por la Fundación Canapavi en el marco de ProDefensoras, Tatiana compartió escenario con jóvenes de los cuatro municipios del proyecto. “Al final, los chicos no querían que nos fuéramos. Decían: ‘tía, ustedes nos hablaron con cariño, nos escucharon’. Y eso, en un país como este, también es revolución”, cuenta entusiasmada.
Tatiana Benítez sigue apostando por el arte como un lenguaje profundo de verdad y memoria. Como dice una de sus canciones: “Nos quitamos la armadura, activamos la ternura. En juntanza nos sanamos, juntas y libres caminamos”.
Y en ese caminar, Tatiana —como tantas otras mujeres afro— nos recuerda que resistir también puede sonar bonito. Que el arte, cuando nace del dolor y el amor por el territorio, no solo sanas heridas: también construye paz.