Resistir para la paz

Mujeres excombatientes en el departamento del Cauca a través de las artes labran el camino de la paz. Su apuesta diaria: cumplir su palabra sobre una Colombia en paz. A propósito de los 20 años de la resolución 1325, hablamos con algunas de ellas en su camino hacia la vida civil y los retos que esto ha representado.

Fecha: jueves, 29 de octubre de 2020

Créditos: Corporación Otra Escuela

Sandra Talaga vive en Miranda, Cauca, y estuvo en las filas de la guerrilla de las Farc por 8 años. ¿Lo más duro de vivir la guerra de ese lado? “vivir huyendo”, dice. Lleva 4 años en proceso de reincorporación. Sandra hace parte de los 13.394 exmiembros de Farc que, según el informe de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia al Secretario General, se encuentran acreditados como en proceso de reincorporación, de los cuales 10.293 son hombres y 3.101 son mujeres.  

Desde el año pasado, Sandra participa de los proyectos y talleres que lleva a cabo en Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca, la Corporación Otra Escuela en el marco del proyecto “Mujeres constructoras de paz: formación e incidencia política desde el juego y las artes en el Norte del Cauca” con el apoyo de ONU Mujeres y la Embajada de Noruega. En estos espacios de juntanza, como los denomina Sandra, no solo participaron mujeres excombatientes, sino también mujeres indígenas, campesinas y LGBTI.

De los varios talleres y encuentros que la Corporación llevó a las mujeres de esa zona del Cauca, el Teatro de Las Oprimidas es aquel en el que Sandra y demás mujeres excombatientes pudieron encontrarse de nuevo, ya no para huir, como dice ella, sino para lograr hacer arte con lo vivido en el marco del conflicto armado, para sanar: “en algún momento creí que no iba a ser capaz, pero tuve la confianza suficiente y dejé de lado los temores. Fui feliz. Comprobé con este proyecto que podemos reconciliarnos, transmitirles a las compañeras que se puede salir adelante a pesar de las dificultades”. 

A través de esta iniciativa, que se ejecutó desde el 1 de julio del 2019 al 30 de julio de este año, se logró incorporar a más de  120 mujeres, entre ellas 17 excombatientes, en procesos formativos que a través del teatro y la música han logrado avanzar en la tarea de la reconciliación en su tránsito hacia la vida civil, además de lograr posicionar sus agendas de paz en el intercambio con otras mujeres del departamento del Cauca y reflexionar sobre el derecho a una vida libre de violencias y la situación de las mujeres en proceso de reincorporación. 

De acuerdo con Diana Martínez, integrante de la Corporación Otra Escuela, el encuentro en estos espacios “posibilitó tejer estrategias de convivencia y reconciliación desde el juego y el arte con una apuesta política feminista en el territorio, siempre teniendo en cuenta una perspectiva ética y de género en una región en donde hay un notorio aumento de la violencia y se invisibilizan iniciativas de construcción de paz, como la nuestra”. 

Créditos: Corporación Otra Escuela

Haber participado del Teatro de Las Oprimidas, cuenta Sandra, fue “increíble porque fue un espacio de armonía y respeto. Al final entendimos que la vida ha sido difícil para todas, en eso pudimos encontrarnos y contar nuestras historias”. 

En esos encuentros coincidieron Sandra y otras mujeres como Claudia Cruz, quien vive en Santander de Quilichao, Cauca, y estuvo en la guerrilla de las Farc 14 años. Para ella, el camino hacia la vida civil “ha sido una constante lucha porque nos hemos expuesto a la inseguridad en los territorios y muchas veces a las evasivas de los gobiernos”, dice. No obstante, en la juntanza que les ha permitido el Teatro de Las Oprimidas, “se tejieron lazos de perdón y comprensión. No solo participamos mujeres excombatientes, sino víctimas de diversos actores armados. Ponernos en el lugar de la otra, entendernos, fue lo mejor del proceso”.

Cuenta Claudia que haber participado en el Teatro de Las Oprimidas fue una gran experiencia: “lloramos, reímos, sanamos juntas. Nuestras vivencias han sido dolorosas, pero todo mejora cuando una ve que ha creado un lazo de comunicación más cercano que le permite expresarse y poner eso en escena”. 

“El respaldo que recibimos de ONU Mujeres fue muy importante, especialmente para afianzar los espacios de cuidado para proteger a todas las mujeres y en particular a las mujeres que están en proceso de reincorporación. Esa alianza ha sido una oportunidad para pensarnos más y mejores espacios para difundir las agendas de las mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas, LGBTI y excombatientes”, comenta Diana de la Corporación Otra Escuela.

Sandra y Claudia, ambas participantes del teatro de las oprimidas, coinciden en que el mayor reto que tienen es el de la “normalidad”: “saber que no tenemos que huir es una de las mayores ganancias de la paz. Al principio se sentía extraño, poco a poco nos hemos ido sintiendo cómodas”, dicen. Ahora, cada una se dedica a la piscicultura y anhelan que la violencia cese en el Cauca y en Colombia. No dudan en afirmar que proyectos como en el que participaron son fundamentales para la construcción de paz.  “Dimos nuestra palabra y seguiremos firmes con eso”, apunta Sandra sin titubear. “¿Paz sin nosotras? Las mujeres estamos en los territorios resistiendo, entre más unidas estemos será más fácil avanzar hacia la paz duradera”, dice.

Créditos: Corporación Otra Escuela 

  

 
 

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